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Aceptar el paso de la edad

Cómo afrontar el temor a envejecer

Con el envejecimiento experimentamos una serie de cambios y tomamos conciencia del paso del tiempo. Evolucionar con el paso de los años y adaptarse a las diferentes etapas es fundamental para aprender a envejecer. Veamos cuáles son los temores más frecuentes ante este hecho y la importancia de nuestra actitud para afrontar el paso de los años.

 

1. ¿Qué es el envejecimiento?

El envejecimiento es un proceso en el que se producen una serie de cambios desde el punto de vista biológico, social y psicológico. En este proceso, que comienza a partir de los treinta años aproximadamente, se va reduciendo la capacidad de las funciones biológicas y fisiológicas y empezamos a notar, los primeros cambios físicos.

Es un hecho que no podemos evitar, pero sí podemos atenuar alguno de los efectos que ocasiona en nuestro organismo. El ejercicio físico, la alimentación, unas condiciones medioambientales favorables y evitar las drogas, el tabaco y el exceso de alcohol son factores que retrasan los efectos del envejecimiento.

De igual forma, una vida intelectualmente activa en la que existan hábitos de lectura, se ejercite la memoria, se tenga amigos con los que conversar y se realicen diferentes actividades, favorece la lucidez y agilidad mental, tan mermada en algunas personas cuando llegan a la vejez.

Todo esto pone de manifiesto que de alguna manera se puede influir en el proceso de envejecimiento y que no todas las personas envejecen de la misma forma ni les afecta a todos por igual.

   2.  El temor a envejecer

A partir de la madurez se empieza a tomar conciencia del paso del tiempo. Reflexionamos sobre nuestra vida y hacemos balance sobre ella. Pensamos en el pasado lamentándonos por no haber podido alcanzar las metas propuestas y pensamos en el futuro, imaginándonos con las facultades mermadas y un aspecto físico deteriorado.

Tememos a la enfermedad, a la falta de autonomía y a la dependencia que podamos llegar a tener de otros y, por supuesto, a la soledad y a la muerte. En definitiva, es el temor a envejecer.

El temor a la soledad, a quedarse solo porque los hijos se han ido del hogar o por haber enviudado, es una de las grandes preocupaciones de las personas cuando se aproximan a la vejez. Plantearse la vida de forma distinta a lo acostumbrado e imaginársela con achaques y limitaciones físicas, además de la incertidumbre de lo que el futuro nos deparará, es uno de los mayores temores de todo ser humano.

A partir de la madurez, surge también el temor a la muerte. El paso del tiempo nos enseña que somos mortales y que el final de nuestra vida es ineludible. En esta etapa, ya hemos experimentado el dolor de la pérdida de algún ser querido y hemos sufrido con la muerte de personas cercanas a nosotros. Ahora aprendemos que no son otros los únicos que mueren y empezamos a ver la muerte cercana, como algo que tarde o temprano nos ocurrirá a nosotros.

3. Evolucionar con el paso del tiempo

Es alrededor de los cuarenta años, lo que llamamos edad intermedia, cuando se supone que se ha alcanzado la madurez personal y se ha logrado una estabilidad social y profesional. Sin embargo, es en esta etapa en la que muchas personas sienten una gran insatisfacción, surge lo que llamamos "la crisis de los cuarenta".

Las personas a pesar de haber logrado una estabilidad en su vida, añoran la etapa de la juventud, exenta de responsabilidades y con todo un futuro por realizar.

En el fondo de esta crisis subyace un problema de adaptación al hecho de envejecer. Algunas personas llegan a obsesionarse por su aspecto físico, tratando de disimular las marcas del paso del tiempo. Por eso no es de extrañar que existan personas que acudan reiteradamente a la cirugía estética o que tengan una forma de vestir excesivamente jovial y unas conductas que no corresponden con su edad.

Saber evolucionar y adaptarse al paso del tiempo es fundamental para poder enfrentar el futuro y disfrutar de cada etapa de la vida. No debemos aferrarnos de forma exagerada al pasado, sino que debemos dar paso a la nueva etapa que se aproxime y aprender a disfrutar de ella aprovechando la experiencia y sabiduría que sólo da el paso de los años.

Por otro lado, hemos de tener en cuenta que nuestra forma de pensar y de ver las cosas varía con la edad; estamos en continuo cambio. Por lo tanto, estancarnos y no aceptar el paso del tiempo es un error que sólo conduce a problemas personales y de madurez.

4. Actitudes positivas para afrontar la vejez

Para hacer frente al envejecimiento es necesario mantener una actitud positiva. Veamos a continuación algunas de esas actitudes:

- Saber que con el transcurso de los años se gana en sabiduría, experiencia y en perspectiva sobre la propia vida.

- Tener en cuenta que una de las ventajas que trae consigo el envejecimiento es el equilibrio personal. Aprendemos a aceptarnos tal y como somos, ya no nos importa nuestras carencias y hemos aprendido a querernos y valorarnos más con el paso de los años.

- La madurez supone para muchas mujeres una liberación. El tener los hijos mayores les permite disponer de tiempo libre para sus aficiones o realizar el trabajo fuera del hogar, sin la presión que les suponía dejar a los niños en casa cuando ellas iban a trabajar.

- La jubilación se puede plantear como el comienzo de otra etapa, en la que hay que disfrutar de la vida y del tiempo libre. Para ello es muy recomendable: viajar, desarrollar aficiones y disfrutar de los amigos y de los nietos.

- Son muchas las parejas que cuando llegan a la vejez vuelven a sentirse muy unidos. Han sobrevivido a las dificultades de toda una vida juntos y han logrado mantenerse unidos pese a todas las dificultades. Sienten una gran satisfacción sobre su matrimonio y desean una vejez juntos, compartiendo amigos y recuerdos. Son parejas que han sabido envejecer.

Dª. Trinidad Aparicio Pérez

Psicóloga clínica. Psicóloga escolar

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